UNA COCINA DE SENSACIONES La creación gastronómica de Montse Estruch se asienta sobre la base de la cocina tradicional catalana, que aprendió de su madre María en los primeros tiempos de negocio familiar en El Cingle. Un sólido sustrato, en que ya destacaba el cuidado por un producto impecable. En la sala, el trato solícito y próximo al cliente que aprendió de su padre Jaume sentaría sus principios. Sin embargo, la cocina de Montse se nutre asimismo de sus experiencias al lado de grandes chefs, quienes despertaron en ella la inquietud por la innovación y el deseo de hacer evolucionar sus bases. De la misma forma, sus viajes alrededor del mundo le han aportado una amplitud de miras y un conocimiento de lo ajeno que ha sabido recoger e integrar en sus platos de forma absolutamente equilibrada. Todo ello se enmarca en la personal concepción del hecho culinario que tiene Montse, lo que se conoce como su “cocina de sensaciones”. Esto es, la cocina entendida como un todo en que, no sólo el plato, sino también el ambiente, el trato, los olores, los colores, la decoración, etc., juegan un papel crucial en la construcción del placer de comer. En este sentido, uno de sus sellos más personales es el uso de las flores en su cocina: una síntesis perfecta de color, fragancia y delicadeza, un símbolo de la feminidad y la elegancia que caracterizan a Montse Estruch.
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